Después de un siglo, Módiga mira hacia adelante sin cambiar su esencia y sus valores

Desde un pequeño almacén en el centro de Asunción hasta convertirse en una de las empresas importadoras más reconocidas del país, Módiga celebra 101 años generando más de 200 empleos, con un impacto directo en más de 500 personas y contribuyendo a la canasta básica del país. El festejo viene acompañado de una renovada imagen, cuyo objetivo es retratar su capacidad de adaptarse a los cambios, incorporar nuevas marcas, profesionalizar su gestión y, sobre todo, mantenerse cerca de los consumidores paraguayos. 

En 1925, mientras Paraguay vivía un momento de importantes transformaciones y el país, bajo la presidencia de Eligio Ayala, se preparaba ante la posibilidad de una nueva contienda bélica y al mismo tiempo José Asunción Flores creaba la guarania, también nacía una historia empresarial exitosa que se mantuvo en el corazón de los paraguayos por todo un siglo: Casa Módiga. 

Así, Carmelo Módiga y Nunciata Turtola, un matrimonio italiano que, huyendo del conflicto y la represión de su país natal Italia, llegó al puerto de Asunción en busca de nuevas oportunidades. Con espíritu emprendedor, abrieron un pequeño almacén sobre la calle Ayolas, en pleno centro de Asunción, entonces uno de los principales núcleos económicos y comerciales del país.

Casa Módiga atendió una necesidad muy concreta: ofrecer a los inmigrantes europeos productos e ingredientes de su tierra. Lo que comenzó como un pequeño comercio familiar estaba dando sus primeros pasos para convertirse en una compañía que acompañaría los cambios en los hábitos de consumo de varias generaciones de paraguayos.

Hoy, los objetivos son claros, seguir creciendo con mayor eficiencia el área logística y optimizando los tiempos de entrega. Además, incorporar nuevas marcas y continuar fortaleciendo y recomponiendo todo el canal de distribución en Paraguay.

“Nuestros objetivos para seguir evolucionando apuntan, principalmente, a sumar más marcas al portafolio, explorar nuevas categorías en las que actualmente no estamos presentes y fortalecer nuestros recursos humanos. Estamos mirando nuevas oportunidades de negocio que nos permitan seguir creciendo, llegar a más clientes y consolidar nuestra presencia en el mercado paraguayo”, refirió Miguel Solis, director de Módiga.

Innovación: ADN de la empresa

La permanencia de Módiga durante cien años se debe a que existió una capacidad de adaptación sostenida sobre valores que se convirtieron en parte del ADN de la compañía: honestidad, ética, coherencia y una profunda vocación de hacer las cosas bien.

En ese sentido, la segunda generación fue protagonista de uno de los primeros grandes giros de la empresa. Josefina Módiga, única hija de los fundadores, se casó con Atilio Seppe, un paraguayo de espíritu emprendedor con una particular mirada sobre los negocios. Juntos tuvieron tres hijos: Alfredo, María del Carmen y Mónica.

Fue precisamente Don Atilio quien entendió que el pequeño almacén familiar debía dejar atrás el modelo tradicional de atención y se transformó en un autoservicio. Por primera vez el consumidor paraguayo podía elegir directamente sus propios productos. Una idea que hoy parece cotidiana, pero que en aquel momento significó una verdadera innovación en la forma de comprar.

Inquieto, Don Atilio comenzó a viajar y a buscar nuevas oportunidades para el negocio. Desde Buenos Aires traía productos de primera calidad. Luego cambió el enfoque representando importantes marcas como Moët Chandon, de Francia, y Viña Undurraga, desde Chile. Ese cambio marcó otro punto de inflexión: Módiga comenzaba a dejar de ser solamente un comercio para convertirse en una importadora y representante de marcas de trayectoria internacional en Paraguay.

La visión también anticipaba, de alguna manera, lo que décadas después se convertiría en uno de los principales diferenciales de la compañía: conectar al mercado paraguayo con productos y marcas de reconocimiento internacional, generando al mismo tiempo valor para consumidores, colaboradores y socios comerciales.

Los años de expansión

Entre las décadas de 1950 y 1960, Paraguay atravesaba un periodo de grandes obras y transformaciones urbanas. Asunción comenzaba a cambiar su fisonomía y Módiga acompañaba ese crecimiento. Uno de los hitos de aquellos años fue la inauguración del Edificio Ayolas, que incorporó cemento traído de Hungría.

En ese periodo también llegó un reconocimiento que trascendió las paredes de la empresa: Don Atilio Seppe fue distinguido por su aporte al sector comercial y empresarial, destacándose su carácter de “Innovación pionera” y su trayectoria como referente del empresariado paraguayo.

Mientras Paraguay avanzaba hacia una nueva etapa de modernización, Módiga también ampliaba sus horizontes. En la década de 1970, la empresa comenzó a mirar más allá de Asunción y extendió su presencia hasta alcanzar alrededor de 150 puntos en distintos lugares del país.

La década siguiente trajo nuevos desafíos. Entre 1980 y 1990 se incorporaron nuevas marcas al portafolio y Módiga protagonizó otro cambio innovador, la informatización de sus procesos, adelantándose a la era digital.

Una nueva generación, una nueva mirada

Al llegar al siglo XXI, Paraguay se preparaba para celebrar sus 200 años de independencia. Módiga también atravesaba un momento de transición generacional. La tercera generación de la familia se preparaba para el desafío de consolidar procesos, fortalecer la eficiencia operativa y mirar hacia adentro para reconocer las capacidades de su propia gente.

En ese periodo, la empresa comenzó a ordenar y fortalecer su estructura interna con el objetivo de dar el gran salto. “Lo que veo en Módiga es que la vocación y la pasión se heredaron directamente, son innatas, pero, además cada generación aportó su propia mirada, esa deber ser la explicación de cómo una empresa puede llegar así de robusta a los 101 años”, sostiene Liz Ramírez, miembro del Directorio.

En 2020 se conformó la junta directiva de la empresa, y se abocó a la profesionalización, una dirección estratégica más definida y una gestión enfocada en el talento. 

“Desde la segunda generación, existió una escucha activa hacia el otro, poder creer y ejecutar las ideas de las personas, y al mismo tiempo hacerlas responsables por ellas, generando profesionales que son protagonistas, que se animan a tomar riesgos y a crecer. Recuerdo que Don Atilio me decía cada vez que testeamos algo nuevo: ‛suya será la culpa, pero mía la vergüenza’”, dice Pedro Gauto, miembro del Directorio y exgerente general.

Con esta nueva etapa, el foco se desplazó también hacia la gestión del conocimiento y una lectura cada vez más profunda del mercado. Las distintas gerencias comenzaron a trabajar con mayor cantidad de información, análisis de tendencias, identificación de nichos y mediciones permanentes para entender hacia dónde se movía el consumidor.

La incorporación de consultores externos y nuevas herramientas permitió complementar la experiencia interna con datos y análisis para tomar decisiones con mayor precisión. Módiga también comenzó a poner un énfasis especial en la formación y el desarrollo de sus colaboradores, buscando construir equipos más ágiles, flexibles y protagonistas.

En 2021 nació Módiga Conecta, un espacio destinado a la formación profesional de los colaboradores, consolidando una visión en la que el crecimiento de la compañía está directamente relacionado con el crecimiento de las personas que la integran.

Así, mientras Paraguay ingresaba en una nueva década marcada por cambios tecnológicos, nuevas formas de consumo y una aceleración de las transformaciones empresariales, Módiga también volvía a reinventarse.

En 2026, un siglo después de aquel pequeño almacén de la calle Ayolas, Módiga vuelve a dar un paso hacia adelante. La empresa se traslada a Distrito Perseverancia, inaugurando una nueva era que suma a su propuesta un enfoque cultural en la gestión de las marcas que representa.